domingo, 26 de julio de 2026

Abrazo en el camino #2

 



     Ya pasó el miedo inicial de enviarte mis primeros pensamientos y reflexiones… 

Te confieso que tuve varias semanas el texto escrito en un archivo, 

le cambiaba algo, sacaba algo, agregaba algo y era la historia de nunca acabar… 

y bueno, en un momento, respiré hondo, recé una pequeñísima oración y apreté enviar.  

Eso mismo me hizo pensar que no es fácil exponerse, ¡uff!  sí que me ha costado.


Ahora en este segundo abrazo en el camino me debato por dónde seguir…

Claro que tengo miedo de aburrir o de que se me acaben las ideas 

pero más más miedo le tengo a mi inconstancia. 


Es raro porque soy muy tenaz para algunas cosas y re cuelgue para otras… 

Va, no sé si la palabra es cuelgue… 

más bien las dejo, 

me entretengo con otras, 

me voy aburriendo 

o simplemente ante pequeños fracasos o desilusiones… 

las abandono. 

Me pregunto de dónde viene eso en mí; 

estoy segura de que se puede reeducar, mejorar, cambiar, sanar… 


Y vos, ¿qué cosas arrancás con mucha fuerza y al poco tiempo las dejás? 

¿Sos constante o inconstante? 

¿Lográs ubicar de dónde viene en vos, una cosa o la otra? 

¿Qué en tu historia, en tu camino te fue haciendo de un modo u otro?


Hace ya algunos años me regalé una frase que me sirve como mantra en algunos momentos: EMPEZAR-TERMINAR. 

Me ha ayudado para algunos quehaceres, tareas, cosas pendientes, pero ojo, que también me sirvió para preparar un final, avanzar en una formación, concluir una carrera… 

Acá voy a estrenar otro binomio de verbos: SEGUIR-SEGUIR. 


Mientras escribo estas líneas, como soy dispersa en los procesos creativos, fui a leer el Evangelio del día, el que toca hoy, se trata de la explicación de la parábola del sembrador, nos dejo una partecita del relato que viene como anillo al dedo: 


“Quien recibe la semilla en un terreno pedregoso es la persona que al escuchar la Palabra, la acepta con alegría pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.” 


Me pareció mágico encontrarme con los rápidamente entusiastas que ante cualquier cosita se desinflan… 


Y entonces entendí algo. La constancia no se construye a fuerza de voluntad. Tal vez se cultiva echando raíces. Y, cuando pensé en las raíces, inevitablemente llegué a la práctica que, desde hace más de veinte años, me ayuda a volver una y otra vez al mismo lugar: mi interior y el silencio. 


En el año 2002 escuché por primera vez, sobre la oración del corazón, en el 2004 empecé a practicarla con más asiduidad siguiendo el consejo de un monje benedictino que me acompañaba y a partir del 2014 estalló en mi vida la meditación cristiana. En esta forma de rezar me he mantenido en una constancia amorosa y poco a poco me ha traído sus frutos…


Estoy convencida de lo bien que hace el Silencio. 

Yo lo necesito. 

Medito, al menos cuatro veces por semana.  


Siento que es una forma de presencia que se va afianzando con la vida adulta, 

estar, permanecer, descansar en Dios… 

se está o se está, 

no hay términos medios. 


Tengo varios maestros y maestras a los que sigo fielmente, 

ya te contaré de ellos más adelante. 

Todos coinciden en que hay que sentarse en calma y quietud, 

respirar y repetir internamente una palabra sagrada 

que nos lleve a Dios, a la Transcendencia, a la Vida profunda… 

Yo uso la palabra Maranathá 

que significa “Ven Señor”; en mi traducción más íntima: “vení, Jesús”. 


Y, por las dudas, quiero aclarar algo: se puede meditar más allá de la experiencia creyente. 

Todos tenemos palabras sagradas que nos devuelven a nuestro centro vital. 


Te voy a dejar acá una explicación más detallada por si te interesa la temática.

Desde hace un tiempo siento el deseo de convidar este camino con quien también necesite un pequeño espacio de silencio y quietud en medio de tanto ruido y movimiento. 

Por eso, cada domingo, al caer la tarde, a las 20 hs. comparto la meditación en vivo en Youtube. Algunos que lo ven me dicen que lo haga en una videollamada a la que se puedan sumar y hacer un espacio más comunitario para compartir claves de la experiencia meditativa.  

Y ahora quiero preguntarte algo: ¿Abro este espacio? ¿Seguimos así? ¿Estás interesado/a? Déjame tus impresiones por acá, ¿dale?

Mientras tanto, seguimos buscando echar raíces en cada una de las cosas que hacemos. 

Gracias por acompañarnos en este tramo del camino.

Con ternura y mucha paz. 


Ligia del Pueyo 

desde Casabrazo

https://linktr.ee/casabrazo


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